lunes, 3 de agosto de 2015

Extirpemos el tumor (de la violencia de género)


Si uno no se ruboriza al ver en la televisión que han asesinado a cuatro mujeres en apenas dos días, en un minúsculo espacio de este planeta como es España, es que tiene un verdadero problema. Peor, más allá de lo que cada cual sienta, hombre o mujer, mayor o joven, ante noticias tan desesperantes como esta, lo que está claro es que esta sociedad tiene un grave problema y necesitamos, más que nunca, enfrentarnos cara a cara con él.

Nuestra sociedad, la que construimos y destruimos los hombres y mujeres  cada día, necesita palpar ese extraño bulto que, desde tiempos inmemoriales, convive con nosotros y que, no sé si hoy más grande o más pequeño que antes, cada vez hace más daño al cuerpo que lo porta. Porque ese cuerpo, la sociedad, ya lo ha localizado y sabe que no debe estar ahí y que cada día que pasa con él es una carga insufrible y un riesgo para la salud, en general, y para la zona afectada en particular.

Sin duda, los problemas complejos tienen complejas soluciones y estas, por desgracia, llevan tiempo hasta alcanzar su objetivo. Pero debemos dar pasos hacia delante y no hacia atrás. Esperemos que, tras este macabro día de violencia machista, empecemos a comprender que no se puede relativizar el machismo ni las actitudes machistas como sucede en no pocas ocasiones. No lo consintamos. Si sucede en la televisión cambiemos de canal y si lo hace en nuestro círculo de amigos o familiares corrijamos la actitud. Sé que puede ser insuficiente en sí misma esta cuestión, pero me parece increíble que algunos prefieran seguir poniendo el acento en lo secundario y no en lo principal: que se asesinen a decenas de mujeres a lo largo de un año y que se maltrate, veje o viole a innumerables.

Y es que la realidad es que la violencia de género aumenta en nuestro país (como indica la propia encuesta del Gobierno realizada a tales efectos) o remarca el Consejo General del Poder Judicial que, además, deja claro que hoy se denuncia menos que hace apenas cuatro años. Y estas cuestiones, como indicaba arriba, no son suposiciones ni posibles, ni tampoco un tal vez ni un acto inevitable. No podemos acostumbrarnos a convivir con tales circunstancias, sino que debemos “echar el resto” en medios materiales y humanos, hoy reducidos, y jamás relativizar el problema.

Más fondos, reducidos en los últimos años, y más educación.  ¿Para cuándo la vuelta de educación para la ciudadanía con estas y otras cuestiones? La escuela es un lugar básico para luchar contra las actitudes machistas e incluso, con los medios suficientes, localizarlas y apagarlas en edades donde, por desgracia, ya empiezan a producirse (y reproducirse). Por cierto, mayor lucha contra esta lacra que debe ser conjunta, sin rémoras ni reparos partidistas, y unísona.




Jacobo Medianero Millán

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