martes, 21 de agosto de 2012

A la caza del interino.


En la estancia, el comandante toma la merienda mientras ojea la prensa. Un suboficial entra en la misma, viene acelerado porque porta grandes noticias.

- Comandante.

- Diga suboficial.

- Tenemos el último comunicado enviado mediante valija secreta del infiltrado entre los rebeldes.

- Pásemelo, rápido.

Nos hemos trasladado. La táctica ha cambiado radicalmente. Nuestra situación geográfica es fácilmente reconocible, no tendrán problemas para localizarnos. La mayoría de los aquí presentes son personas pertenecientes a la mal llamada “clase media”. Muchos de ellos ya hace años que trabajan para la administración. No he sido capaz de localizar a ningún elemento económicamente sobresaliente. Desde luego, mi Comandante, aquí no encontramos a nadie que haya conseguido aprovecharse de la época de bonanza incluso, debo añadir si se me permite, que me encuentro rodeado de gente con sueldos por debajo de la media, hipotecas, coches sin terminar de pagar, etc... También tenemos un pequeño grupo, reducido, que se incorporó a la expedición hace no mucho tiempo. Al parecer este grupo había conseguido escapar de las condiciones de las últimas reformas laborales, necesarias sin duda mi comandante, que la facción política aprobara. Este grupo es bastante más radical porque su situación económica es mucho peor. Espero sus órdenes.

- Es increíble –comentó en comandante- lo escurridizos que son.

- Desde luego, son tantos los recovecos en los que están atrincherados señor.

- Ya le digo. Es increíble pero parece que ganaremos la guerra. Educación está prácticamente limpia; el comandante O´dhorty avanza con fuerza en sanidad; los servicios sociales, apoyo a inmigrantes, mujeres maltratadas ha sido mucho más sencillo de lo esperado (¿quién quiere defender a esa chusma? –se autopreguntó-). En el momento en que venzamos en nuestra batalla estará todo bajo control, nuestro papel en la eliminación de interinos en la administración pública es crucial… ¡¡crucial!! Gritó con la cara desencajada. 

- Señor quizás deberíamos atacar ya, no esperar a mañana. Ya sabe que la última vez los tuvimos cerca y, en el último momento, la movilización, el sindicalismo, los partidos… consiguieron evitar nuestra victoria.

- ¡NO, tranquilo! Esta vez no es como las demás. Esta vez no hay nadie que pueda venir a apoyarlos. La ciudadanía está convencida, saben que nuestra batalla es justa y esperan un mundo mejor sin estos chupa impuestos. Los sindicatos, jaja –rió con fuerza- tranquilo, no creo que supongan un problema dadas sus circunstancias. Y los partidos estarán inutilizados hasta las próximas elecciones e incluso, si todo sale como está previsto, más tiempo aún. 

- Entonces, cuáles son sus órdenes mi comandante.

- Necesitamos que haya en el escondrijo cuantos más mejor. Esperaremos unos días. Septiembre será un gran mes. Septiembre será el mes. Septiembre. Septiembre. Septiembre…
El suboficial abandonaba la estancia mientras el comandantes seguía musitando el noveno mes del año.

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